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El té es originario del sur de China, era conocido desde tiempos remotos por los médicos y botánicos chinos, al principio fue considerado una medicina que se tomaba en caso de enfermedad. Diversos escritos lo sitúan en la época de la dinastía Han 220a.c. Al principio se utilizaba el té silvestre, el cultivo de la planta se comenzó en los monasterios de la provincia de Szechuan, donde se extendió por el valle del río Yang Tsekiang y las regiones costeras de China. Hacia el siglo V la bebida se convierte en popular en casi toda China y el Tibet, se empieza a beber té por placer y no como medicina. Los agricultores comienzan a reservar parte de su tierra para su cultivo, al aumentar el consumo, aumenta en la misma proporción su comercio y en el 780 los gobernantes chinos deciden imponer un tributo sobre el té.

En ese momento el poeta y erudito chino Lu Yu escribe el primer libro dedicado al té, en dónde se describen sus propiedades, cultivo, sus formas de prepararlo y servirlo, etc… Se había educado en un monasterio budista y era experto en herboristería, por lo que se convirtió en la máxima autoridad en el tema del té. Honrado a través de los años en China, hoy aún se considera su famoso tratado como la “enciclopedia” del té. Los monjes budistas que habían estudiado en China llevaron el té a Japón a finales del siglo VI. Plantaron los arbustos de té y empezaron a practicar una ceremonia parecida a la descrita por Lu Yu y la adaptaron a su cultura revistiéndola de espiritualidad. La nobleza japonesa hizo suya esa bebida que a juicio de los monjes elevaba el espíritu y fortalecía la voluntad.

El té llega a Occidente a través de la ruta de la seda, ya que despertaron interés los relatos de los viajeros que recorrían esa ruta sobre un hábito de beber té tan arraigado en la misteriosa China. Las especias eran el gran interés comercial de los países europeos, pero bien entrado el s. XVI, Portugal abre una ruta marítima con Oriente y el té empieza a formar parte de los productos exóticos que desembarcan en Lisboa.

En Rusia fueron los zares los que alentaron el comercio con China, a fin de que el té llegase a sus palacios. Las caravanas de camellos, cargados con arcones de té, empleaban casi 3 años en atravesar el desierto del Gobi, Mongolia y las estepas rusas. Gran Bretaña necesitaba comerciar con el té, entonces en manos de los holandeses; y crearon después de miles de avatares, la East India Company que empezó a importar té directamente de China a finales del XIX. Comienza el comercio del té de la India, originado por la aparición insospechada de la camelia assámica. China acaba de perder la hegemonía en el comercio del té.

Las plantaciones varían en extensión, por lo general en India y Sri Lanka son de gran dimensión, en China y Japón son pequeños jardines, ya que su consumo está orientado para el consumo interior incluso local.